La Batalla del Jarama tuvo lugar en febrero de 1937 en el sector sureste de Madrid, en el valle del río Jarama. La operación se enmarcó en la estrategia del mando sublevado de aislar la capital de la República, cuyo principal objetivo era cortar la carretera Madrid-Valencia, entonces la vía fundamental de comunicación y abastecimiento de Madrid.
Tras el fracaso de los ataques directos contra la ciudad en noviembre y diciembre de 1936, se optó por una ofensiva lateral que permitiera interrumpir las comunicaciones sin necesidad de tomar la capital.
Fuerzas participantes
En el bando sublevado intervinieron unidades del Ejército de África, entre ellas banderas de la Legión y tabores de Regulares, apoyadas por brigadas peninsulares. Estas fuerzas contaban con experiencia de combate previa y recibieron apoyo de artillería y aviación. La aviación alemana e italiana colaboró en tareas de bombardeo y reconocimiento.
En el bando republicano actuaron unidades del Ejército Popular de la República, en proceso de reorganización desde finales de 1936. Participaron brigadas mixtas, formadas por tropas regulares y milicias integradas, así como unidades de las Brigadas Internacionales, entre ellas la XI y la XV Brigada, que entraron en combate en los primeros días de la ofensiva.
Desarrollo de la batalla
La ofensiva se inició a comienzos de febrero de 1937, dentro de una operación planificada para avanzar desde el sureste de Madrid hacia la carretera Madrid-Valencia. Las fuerzas sublevadas concentraron su esfuerzo en el cruce del río Jarama y en la ocupación de las alturas situadas en su margen oriental, consideradas clave para dominar el terreno y facilitar un avance posterior hacia las comunicaciones republicanas.
Entre los días 6 y 7 de febrero, las unidades atacantes lograron establecer varios puntos de cruce sobre el río, superando las primeras defensas republicanas. A partir de ese momento, el avance se orientó hacia la consolidación de cabezas de puente y la ocupación de posiciones elevadas, como el cerro del Pingarrón, que ofrecían ventajas tácticas para el control del valle.
El 8 de febrero se intensificaron las operaciones. Las fuerzas sublevadas ampliaron sus posiciones al este del río, mientras las unidades republicanas reorganizaban sus líneas defensivas para contener el avance. La lucha se concentró en sectores concretos, con ataques repetidos sobre posiciones fortificadas y contraataques destinados a recuperar o neutralizar los puntos dominantes del terreno.
En los días siguientes, ambos bandos reforzaron progresivamente el frente. El Ejército Popular de la República desplegó nuevas brigadas mixtas y unidades de las Brigadas Internacionales, que fueron empleadas para sostener la línea defensiva y frenar el avance enemigo. La intervención de estas fuerzas permitió estabilizar el frente y evitar que las tropas sublevadas alcanzaran la carretera Madrid-Valencia.
Las operaciones se caracterizaron por una combinación de acciones de infantería, apoyo artillero y empleo continuado de la aviación. El terreno, accidentado y con escasas vías de comunicación, limitó la movilidad y favoreció una rápida transformación del combate en una guerra de posiciones. Las posiciones conquistadas fueron fortificadas de inmediato mediante trincheras, parapetos y nidos de ametralladoras.
A partir del 11 y 12 de febrero, la ofensiva perdió impulso. Aunque las fuerzas sublevadas mantuvieron el control de varias alturas estratégicas en la margen oriental del Jarama, no lograron avanzar hacia los objetivos iniciales. El frente quedó definido en una línea relativamente estable, con escasas variaciones posteriores.
Con la estabilización del sector, la batalla dio paso a un periodo prolongado de enfrentamientos de baja movilidad, intercambios de artillería y acciones limitadas, que consolidaron el frente del Jarama como una de las líneas defensivas más estables del entorno de Madrid durante 1937.
Resultado y consecuencias
Desde el punto de vista militar, la batalla concluyó sin que se alcanzara el objetivo principal de la ofensiva sublevada. La carretera Madrid-Valencia permaneció bajo control republicano, lo que permitió mantener el abastecimiento de la capital.
Tras el final de las operaciones, el frente del Jarama quedó estabilizado durante meses, consolidándose una línea defensiva que apenas experimentó cambios significativos hasta fases posteriores de la guerra. La batalla contribuyó a confirmar la transición del conflicto hacia una guerra de posiciones en el entorno de Madrid.
El Jarama como escenario histórico
El valle del Jarama conserva numerosos restos materiales del enfrentamiento, como trincheras, fortificaciones y posiciones defensivas construidas por ambos bandos. Estos vestigios permiten reconstruir con precisión el desarrollo de la batalla y su importancia dentro de la campaña de Madrid de 1937.

