Segismundo casado

Cuando los republicanos se enfrentaron entre sí: el golpe de Segismundo Casado

En marzo de 1939 la Segunda República española se encontraba prácticamente derrotada. La caída de Cataluña en febrero había supuesto el colapso militar del frente republicano y, pocos días después, el reconocimiento diplomático del gobierno de Francisco Franco por parte de Reino Unido y Francia dejó al régimen de Juan Negrín completamente aislado. En ese clima de agotamiento y derrota se produjo uno de los episodios más dramáticos del final de la Guerra Civil: el golpe de Estado encabezado por el coronel Segismundo Casado contra el propio gobierno republicano.

El levantamiento, que pretendía negociar una paz con los sublevados, provocó durante varios días enfrentamientos armados entre distintas facciones del bando republicano y precipitó el final de la guerra.

Anticomunismo, derrotismo y divisiones internas

La conspiración de Casado fue el resultado de profundas tensiones internas acumuladas durante los últimos años del conflicto. Muchos mandos militares republicanos, así como sectores socialistas y anarquistas, consideraban que la guerra estaba perdida tras la derrota en la Batalla del Ebro y la pérdida de Cataluña.

El gobierno presidido por Juan Negrín defendía, sin embargo, la política de “resistir es vencer”. Su objetivo era prolongar la guerra con la esperanza de que el estallido de un conflicto europeo obligara a las democracias occidentales a intervenir contra Franco.

Entre los conspiradores contra Negrín pesaba también un fuerte sentimiento anticomunista. El Partido Comunista de España había adquirido una gran influencia en el aparato militar republicano durante la guerra, lo que despertaba recelos entre militares profesionales y organizaciones como la CNT. Aunque los historiadores coinciden hoy en que el PCE no estaba preparando un golpe de Estado, su peso en el Ejército alimentaba las sospechas de sus adversarios.

A ello se sumaban las maniobras de la llamada Quinta Columna franquista y del servicio de inteligencia de Franco, que alimentaron la idea de que el general vencedor aceptaría negociar una rendición que evitara represalias generalizadas.

Cartagena y la pérdida de la flota

La crisis estalló primero en la base naval de Cartagena el 4 de marzo de 1939. Allí se produjo una confusa sublevación en la que intervinieron elementos anticomunistas y conspiradores vinculados al franquismo.

El episodio tuvo consecuencias devastadoras para la República. La flota republicana abandonó el puerto y se dirigió a Bizerta, en Túnez, quedando internada por las autoridades francesas. Con ello desaparecía el principal instrumento que podía haber permitido una evacuación masiva de refugiados hacia el extranjero.

El golpe del 5 de marzo en Madrid

En la noche del 5 de marzo, Casado proclamó en Madrid el Consejo Nacional de Defensa, una junta militar y política que asumía el poder en nombre de la salvación del país.

Para dar legitimidad civil al movimiento se incorporó el veterano dirigente socialista Julián Besteiro, que defendía desde hacía tiempo la necesidad de poner fin a la guerra mediante una negociación. En un discurso radiofónico, Besteiro acusó al gobierno de Negrín de prolongar inútilmente el sufrimiento de la población.

Negrín abandonó España al día siguiente rumbo a Francia junto con varios dirigentes comunistas.

tanque comunista de barceló en la castellana

Combates entre republicanos en Madrid

El golpe no fue aceptado por todos los sectores republicanos. En Madrid, mandos comunistas que permanecían en la capital organizaron un contraataque dirigido por el coronel Luis Barceló.

Durante varios días se produjeron enfrentamientos armados en distintos puntos de la ciudad, incluidos los Nuevos Ministerios y otras posiciones estratégicas. Fue, en la práctica, una breve guerra civil dentro del propio bando republicano.

La victoria final correspondió a las fuerzas casadistas gracias, sobre todo, a la intervención de las divisiones anarquistas dirigidas por Cipriano Mera, que derrotaron a las tropas comunistas el 12 de marzo. Las cifras exactas de víctimas son discutidas, pero se estima que murieron varios centenares de combatientes.

El fracaso de la negociación

Una vez consolidado el poder, el Consejo Nacional de Defensa intentó abrir negociaciones con Franco. Sin embargo, el general vencedor no tenía intención de aceptar ningún acuerdo político.

Las autoridades franquistas exigieron una rendición incondicional, descartando cualquier posibilidad de armisticio o de garantías para los dirigentes republicanos.

El final llegó pocas semanas después. El 28 de marzo de 1939 las tropas franquistas entraron en Madrid sin encontrar resistencia organizada y el 1 de abril Franco proclamó oficialmente el final de la guerra.

Consecuencias del golpe

La rebelión de Casado no consiguió su objetivo principal: evitar represalias o negociar condiciones para los vencidos. Muchos de los responsables del golpe lograron huir al exilio, mientras que miles de republicanos quedaron atrapados en los puertos levantinos intentando escapar.

El caso de Julián Besteiro fue especialmente simbólico. Decidió permanecer en España confiando en un trato moderado por parte de los vencedores, pero fue condenado a prisión y murió en la cárcel de Carmona en 1940.

El golpe de marzo de 1939 terminó así acelerando el derrumbe definitivo de la República y permitió a Franco cerrar la guerra con una victoria total y sin compromisos políticos.

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