pozo la lagarta tabernas

La Masacre del Pozo de la Lagarta: Un Símbolo de la Violencia de los Comités Revolucionarios en la Guerra Civil Española

El 30 de agosto de 1936, en plena efervescencia de la Guerra Civil Española, un lugar remoto y casi desconocido en la Sierra de Alhamilla, el Pozo de la Lagarta, se convirtió en el escenario de una de las matanzas más brutales de la retaguardia republicana en Almería. Este suceso, que fue uno de los muchos actos de violencia extrajudicial conocidos como “sacas”, simboliza el colapso del orden estatal y la subsiguiente represión ejercida por las milicias y los comités revolucionarios que tomaron el control de la provincia tras el fracaso de la sublevación militar.  

La violencia se desató en Almería tras el intento de golpe de Estado del 21 de julio de 1936, que fue rápidamente sofocado por las fuerzas leales al gobierno republicano, junto con la llegada del destructor Lepanto. Este vacío de poder dejó a las milicias, organizadas por socialistas, comunistas y anarquistas, con la máxima autoridad en la provincia, llevando a cabo detenciones de «enemigos del régimen» y personas de ideología conservadora, incluyendo miembros del clero. Los pozos y barrancos de la zona se convirtieron en el lugar ideal para las ejecuciones, ya que permitían ocultar los cuerpos de manera discreta y sistemática.  

La noche del 30 de agosto de 1936, un grupo de 26 hombres, en su mayoría religiosos y educadores, fueron extraídos del buque-prisión Astoy Mendi y trasladados al Pozo de la Lagarta, en Tabernas, para ser fusilados. Las ejecuciones en este pozo continuaron hasta el 2 de septiembre de ese mismo año.  

Aunque las fuentes no proporcionan una lista completa, se ha podido identificar a varias personas que fueron asesinadas en ese lugar:

  • Ricardo Fábregas: Hijo del terrateniente de la finca, fue la primera persona fusilada en el pozo .
  • Ramiro Argüelles Hevia: Sacerdote de la catedral de Almería .
  • Amalio Zariquiegui Mendoza: Hermano de las Escuelas Cristianas (La Salle), martirizado esa noche junto a otros dos hermanos.  
  • Edmigio Primo Rodríguez: Hermano de La Salle, también martirizado esa noche.  
  • Valerio Bernardo Herrero Martínez: Hermano de La Salle, quien murió con los otros dos hermanos.  

Un aspecto clave de la historia del Pozo de la Lagarta es la gran discrepancia en el número de víctimas. La Causa General franquista, que documentó los crímenes de la retaguardia en 1941, cifró en 44 los cadáveres extraídos del pozo. Sin embargo, otras fuentes elevan la cifra a un mínimo de 116. Esta disparidad subraya la complejidad de una historia marcada por la manipulación política de los hechos, con el régimen de Franco utilizando estos documentos para legitimar su propia narrativa del conflicto.  

Tras la guerra, en 1941, se llevó a cabo la exhumación de los restos. Los huesos fueron inicialmente depositados en la Catedral de Almería, pero posteriormente 86 de ellos, junto con los de otras víctimas del cercano pozo de Cantavieja, fueron trasladados a la cripta común del Valle de los Caídos. Este acto, lejos de ser un simple reasentamiento, formó parte de un proceso más amplio de instrumentalización política de la memoria por parte del franquismo. Aunque en el lugar original se erigió un memorial, este fue destruido antes de 1959 , y el sitio permanece hasta el día de hoy sin un monumento público que recuerde a los asesinados.  

El Pozo de la Lagarta es más que un simple lugar de masacre; es un símbolo de la brutalidad de la violencia política y el difícil camino de la memoria histórica en España. La fragmentación de su narrativa y la falta de un memorial reconocido reflejan las heridas aún abiertas de un pasado que continúa siendo objeto de debate y conflicto.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *