Segismundo Casado

Segismundo Casado: el militar que protagonizó el último episodio de la Guerra Civil

Segismundo Casado nació el 20 de enero de 1893 en la localidad segoviana de Nava de la Asunción, en el seno de una familia vinculada al ejército. Desde muy joven siguió la carrera militar y en 1909 ingresó en la Academia de Infantería de Toledo, donde se formaban muchos de los oficiales del ejército español de comienzos del siglo XX. Tras completar sus estudios inició su trayectoria profesional en distintas unidades del ejército en una España marcada por la inestabilidad política y militar.

De los inicios militares a la República

Como muchos oficiales de su generación participó en operaciones militares en el Protectorado español de Marruecos, donde adquirió experiencia en combate durante las campañas contra las tribus rifeñas. Aquella guerra colonial marcó profundamente a una generación de oficiales que más tarde desempeñarían papeles importantes durante la Guerra Civil española. Durante los años de la monarquía de Alfonso XIII y la posterior dictadura de Primo de Rivera continuó su carrera dentro del ejército sin destacar especialmente en el ámbito político.

Con la proclamación de la Segunda República en 1931 permaneció en el ejército republicano. A diferencia de otros oficiales que conspiraron contra el nuevo régimen, Casado siguió desarrollando su carrera profesional dentro de la estructura militar del Estado. Cuando estalló la Guerra Civil el 18 de julio de 1936 permaneció fiel al gobierno republicano y se integró en el Ejército Popular de la República.

Ascenso durante la Guerra Civil

Durante el conflicto fue ascendiendo progresivamente dentro de la estructura militar republicana y desempeñó diversos mandos, especialmente en el frente del centro. Con el paso de los meses terminó ocupando uno de los puestos más relevantes del ejército republicano al ser nombrado jefe del Ejército del Centro, responsable de la defensa de Madrid y de buena parte del frente central. Este ejército era uno de los pilares militares de la República durante los últimos años de la guerra.

A comienzos de 1939 la situación militar de la República era extremadamente grave. La caída de Cataluña en enero y febrero dejó al gobierno presidido por Juan Negrín prácticamente aislado. Negrín defendía la política de «resistir es vencer», confiando en que un conflicto europeo obligara a las potencias democráticas a intervenir contra el bando sublevado. Sin embargo, dentro del propio campo republicano crecían las divisiones políticas y militares. Muchos mandos del ejército, sectores socialistas y anarquistas consideraban que la guerra estaba perdida y que prolongarla solo provocaría más sufrimiento.

El golpe de marzo de 1939

En ese contexto Casado decidió actuar. El 5 de marzo de 1939 encabezó un golpe de Estado contra el gobierno republicano con el objetivo de negociar directamente con Francisco Franco el final de la guerra. En Madrid constituyó el llamado Consejo Nacional de Defensa, un organismo político y militar que pretendía asumir el poder en nombre de la salvación del país. Para dar legitimidad civil al nuevo órgano se incorporó el dirigente socialista Julián Besteiro, que defendía desde hacía tiempo la necesidad de poner fin a la guerra mediante una negociación.

Casado creía que, al tratarse de un movimiento encabezado por militares profesionales y no por comunistas, Franco estaría dispuesto a aceptar una capitulación negociada que evitara represalias generalizadas. Su iniciativa estaba marcada por un profundo anticomunismo y por la convicción de que la guerra estaba definitivamente perdida.

Combates entre republicanos en Madrid

El golpe provocó sin embargo una fuerte reacción dentro del propio bando republicano. Sectores del ejército vinculados al Partido Comunista de España intentaron resistir el levantamiento. Durante varios días se produjeron combates en Madrid entre fuerzas republicanas enfrentadas entre sí. Los enfrentamientos se desarrollaron en distintos puntos estratégicos de la capital y constituyeron una breve pero dramática guerra civil dentro de la propia República.

La situación se resolvió finalmente a favor de Casado gracias, entre otros factores, al apoyo de las fuerzas anarquistas dirigidas por Cipriano Mera. El 12 de marzo las tropas contrarias al golpe habían sido derrotadas y el Consejo Nacional de Defensa controlaba la capital.

El fracaso de la paz negociada

Una vez consolidado el poder, Casado intentó abrir negociaciones con Franco para lograr una paz pactada. Sus expectativas se revelaron pronto irreales. Franco no estaba dispuesto a aceptar ningún acuerdo político y exigía únicamente la rendición incondicional del ejército republicano. La posibilidad de una «paz honrosa» resultó ser una ilusión que nunca llegó a materializarse.

Exilio y últimos años

Ante la inminente entrada de las tropas franquistas en Madrid, Casado abandonó España a finales de marzo de 1939. Logró huir desde el puerto de Gandía a bordo del buque británico HMS Galatea junto a algunos de sus colaboradores más cercanos. Mientras él conseguía exiliarse, miles de republicanos quedaron atrapados en los puertos del Levante español intentando escapar del país.

Tras abandonar España vivió durante años en el exilio, primero en Gran Bretaña y posteriormente en varios países de América Latina. Durante ese periodo escribió memorias en las que defendió su actuación durante los últimos días de la guerra. Finalmente regresó a España en los años sesenta y murió en Madrid el 28 de septiembre de 1968.

La figura de Segismundo Casado sigue siendo objeto de debate entre historiadores. Para algunos representó un intento realista de poner fin a una guerra ya perdida. Para otros su golpe aceleró el derrumbe final de la República y permitió a Franco cerrar el conflicto con una victoria total sin necesidad de realizar concesiones políticas. En cualquier caso, su nombre quedó ligado para siempre al último episodio de la Guerra Civil española y al colapso definitivo de la República en la primavera de 1939.

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