Tajo de Ronda

El Tajo de Ronda no existió, pero la represión republicana sí

Uno de los relatos más repetidos sobre la represión republicana durante la Guerra Civil es el del Tajo de Ronda: el desfiladero, junto al Puente Nuevo de la ciudad, donde supuestamente milicianos de las Juventudes Libertarias de la FAI habrían arrojado al vacío a 512 prisioneros derechistas, incluyendo mujeres, en el verano de 1936. El contraste con la documentación disponible obliga a distinguir entre lo verificado y lo añadido después, sin que eso signifique en ningún caso negar que en Ronda hubo una represión real, con nombres y fechas concretas.

El origen del relato

La cifra de 512 y la escena del despeñamiento masivo proceden de un comentario radiofónico del general Queipo de Llano el 19 de septiembre de 1936, reproducido al día siguiente por el ABC de Sevilla bajo el titular «En el frente sur de Andalucía. La bandera española ondea en Ronda». Lo revelador es que el propio corresponsal que firmó esa crónica se desplazó personalmente hasta el fondo del Tajo tras la ocupación de la ciudad por las tropas franquistas y no encontró ningún cuerpo: solo imágenes religiosas rotas arrojadas desde el puente, y una única víctima vinculada al lugar, un hombre que se suicidó arrojándose al vacío justo antes de ser fusilado. La fuente franquista original, por tanto, desmentía en su propio texto la escena que la propaganda de Queipo había difundido un día antes.

Cómo llegó a la historiografía: Gerald Brenan

La cifra permaneció décadas confinada al ámbito de la propaganda de guerra hasta que, el 7 de mayo de 1976, el hispanista británico Gerald Brenan —autor de referencia sobre la España del siglo XX con El laberinto español— la recogió en un artículo publicado en El País, «Frenesí de muerte y destrucción», sin citar fuente documental ni testimonial alguna propia. Brenan tenía entonces 82 años y no había presenciado los hechos de 1936 en Ronda; simplemente dio por buena la cifra de Queipo de Llano y la trasladó a un medio de gran autoridad en la España de la Transición. A partir de ahí, la cifra saltó del terreno de la propaganda al de la historiografía divulgativa, y de ahí, previsiblemente, la tomó también Ernest Hemingway para la escena del despeñamiento de prisioneros en Por quién doblan las campanas, ambientada precisamente en Ronda.

Lo que dice la Causa General y la investigación académica

La Causa General, la investigación judicial abierta por el franquismo tras la guerra con el objetivo explícito de documentar los crímenes de la zona republicana, no recoge en ningún expediente conocido un despeñamiento masivo de 512 personas por el Tajo. Se trata de una fuente con todo el interés posible en registrar la violencia republicana con detalle, lo que hace más significativa su ausencia. A esto se suma la investigación académica más reciente y rigurosa, la tesis doctoral de Pablo Benítez Gómez (Universidad de Málaga, 2021), que documenta que lo único arrojado por los milicianos desde el Puente Nuevo fueron imágenes religiosas, no personas, y cifra en 203 el total de víctimas mortales de la represión republicana en Ronda durante el periodo.

La represión real: cuándo se produjo y quiénes fueron las víctimas

Tras el fracaso del golpe militar en Ronda el 19 de julio de 1936, el poder efectivo en la ciudad quedó en manos de comités locales dominados por CNT, UGT, PSOE e Izquierda Republicana, con las Juventudes Libertarias de la FAI ejerciendo un papel especialmente activo en la represión contra personas señaladas por su filiación religiosa, política o su posición social. Según Benítez Gómez, cuya investigación documenta con fecha, nombre, profesión y filiación política a 317 víctimas civiles en el conjunto de Ronda y su Serranía, los asesinatos se prolongaron en oleadas sucesivas a lo largo de esos dos meses, con nuevas extracciones de presos de las cárceles a mediados de agosto y de nuevo el 16 de septiembre, apenas días antes de la entrada de las tropas franquistas en la ciudad.

Entre las víctimas identificadas figuran catorce sacerdotes del clero secular de Ronda y su comarca: Leopoldo González García, arcipreste de Ronda; Jacinto Muriel Gutiérrez, cura de Santa Cecilia; Antonio Pérez Castán, ecónomo de Santa María de Ronda; Enrique Cantos Gallardo, ecónomo del Espíritu Santo; Emilio Castaño Lobón, coadjutor de Nuestra Señora del Socorro; José Gil Pineda, coadjutor de San Felipe; Ángel Misut García y Francisco Jiménez Mancebo, coadjutores de Santa Cecilia; Ildefonso Carrasco López, párroco de Jimera de Líbar; Antonio Cantos Montero, ecónomo de Cuevas del Becerro; Luis Charcán Navarro, regente de Villanueva del Rosario; y José Jiménez Medina, José Sánchez de la Serna y Andrés Pavón Torres. A ellos se suma, entre las víctimas civiles más citadas, el registrador de la propiedad Carlos García-Mauriño Longoria.

Los responsables: lo que se sabe y lo que no

La documentación disponible atribuye el grueso de la violencia a las Juventudes Libertarias de la FAI de Ronda y a milicianos llegados de Málaga, bajo el liderazgo de un individuo identificado únicamente por el apodo de «El Gitano», sin que las fuentes consultadas recojan su nombre real. El comité de la CNT local, que en las primeras semanas había mantenido cierto control sobre la situación, se vio progresivamente desbordado por estos grupos, calificados incluso por fuentes de simpatía libertaria como responsables de una represión que excedía cualquier disciplina revolucionaria organizada.

Lo que este episodio fue, y lo que no

Los cerca de 200 a 300 asesinatos documentados por la investigación académica en Ronda y su Serranía durante el verano de 1936 son un hecho histórico real, con nombres, fechas y circunstancias verificables. La cifra de 512 víctimas despeñadas específicamente por el Tajo, en cambio, nació de la propaganda radiofónica de un bando en plena guerra, fue desmentida por su propia fuente original, no aparece en la Causa General pese al interés del franquismo en documentar estos hechos, y solo cuarenta años después alcanzó estatus casi académico gracias a un artículo de prensa de un hispanista de prestigio que no citó fuente alguna. Memoria para todos exige recordar a estos catorce sacerdotes y al resto de víctimas civiles de Ronda con nombre y apellido, y no bajo la sombra de una cifra que nunca se sostuvo.

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